Nunca fue tan necesario recordar la Shoá

Por Bruno Bimbi, periodista y consejero fundacional de la Fundación Pedro Zerolo

Un día como hoy, en 1945, las tropas soviéticas liberaban el campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau, espantoso símbolo del nazi-fascismo, que asesinó en toda Europa a más de seis millones de judíos, dos tercios de la población judía del continente. Por eso, este lunes 27 de enero, Día Internacional de Conmemoración anual en memoria de las víctimas del Holocausto, les rendimos homenaje a esas y otras víctimas de la empresa criminal de Adolf Hitler, que también persiguió y asesinó a homosexuales, roma, personas con discapacidad, comunistas y otros disidentes y minorías. No podemos olvidarlos.

No podemos, tampoco, callar frente a los discursos de odio que hicieron posible el genocidio, que aún están entre nosotros. Setenta y cinco años después de Auschwitz, nuevas y viejas formas de antisemitismo recorren el mundo. En la propia Polonia, hoy gobernada por políticos negacionistas de extrema derecha, una encuesta realizada en 2018 por el Pew Research Center reveló que 18% de sus habitantes no aceptan a los judíos como ciudadanos de su país, 20% no los quieren como vecinos y 30% los rechazaría como miembros de su familia. Pero el prejuicio antijudío no es un problema exclusivo de los polacos.

Otra encuesta realizada en 2018 por la Agencia Europea de Derechos Fundamentales en doce estados de la Unión (España, Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia, Suecia y Reino Unido), reveló que nueve de cada diez judíos consideran que el antisemitismo aumentó en su país en los últimos cinco años y el 85% lo considera un problema grave. Un tercio de los encuestados evita ocasionalmente los actos y lugares judíos y más de un tercio evita áreas de su vecindario en las que no se siente seguro por ser judío. El 38% ha considerado emigrar por el antisemitismo.

Los hechos de violencia contra judíos, la profanación de sus cementerios, el byllying escolar, los discursos antisemitas en el ámbito político y hasta los crímenes de odio han aumentado en los últimos años en Europa. En Francia, uno de los casos más graves, algunos judíos evitan salir a la calle con su kipá por miedo a ser insultados o agredidos, algo que el propio gobierno ha llegado a recomendar.

Todo esto sucede de una forma nueva que tampoco podemos ignorar. Al mismo tiempo que, en diferentes países, crecen fuerzas políticas de extrema derecha que usan los mismos métodos de la propaganda nazi contra diferentes minorías, que en algunos casos incluyen a los propios judíos, la retórica y las teorías conspirativas antisemitas también aparecen en discursos de algunos sectores de la izquierda y en el islamismo radical, usando como excusa el conflicto entre israelíes y palestinos.

Veamos algunas de las declaraciones antisemitas más habituales que escuchan los judíos europeos, de acuerdo con la encuesta antes citada: que los «israelíes actúan como nazis respecto de los palestinos» (51%), que «los judíos tienen demasiado poder» (43%) y que «los judíos explotan el Holocausto para sus propios fines» (35%). Los encuestados se encuentran con mayor frecuencia estas declaraciones en línea (80%), pero también en los medios de comunicación (56%) y en actos políticos (48%). De acuerdo con otro estudio de la Liga Antidifamación, estas y otras ideas antisemitas son compartidas por al menos uno de cada cuatro europeos.

Es posible reconocer en ellas las viejas teorías conspirativas que, a principios del siglo pasado, formaban parte del “sentido común” del que se aprovechó la propaganda nazi, y que hoy resurgen en los discursos de distintos campos ideológicos. La idea de que los judíos tienen “una influencia desproporcionada” en la economía, los medios de comunicación o la política, o que “son culpables de conflictos y guerras”, proviene directamente de los “Protocolos de los Sabios de Sión”, una versión muy antigua de lo que, en el siglo XXI, llamaríamos fake news.

La historia de los Protocolos fue brillantemente narrada por el historiador Norman Cohn en su libro El mito de la conspiración judía mundial. Leyéndolo, es fácil reconocer en sus palabras varias señales que también forman parte de nuestro tiempo: “Existe un mundo subterráneo en el que los sinvergüenzas y los fanáticos semicultos elaboran fantasías patológicas disfrazadas de ideas, que destinan a los ignorantes y los supersticiosos. Hay momentos en que ese submundo surge de las profundidades, y fascina, captura y domina repentinamente a multitudes de gentes normalmente cuerdas y responsables, que a partir de ese momento pierden toda cordura y toda responsabilidad. Y ocurre a veces que ese submundo se transforma en una fuerza política y cambia el rumbo de la historia”.

¿No podríamos acaso decirlo de otros discursos políticos de la actualidad –contra los inmigrantes, las minorías étnicas, la población LGTB y otros–, enarbolados por fuerzas políticas de extrema derecha que han crecido electoralmente, inclusive en España? El elemento en común entre todos ellos es la deshumanización del otro, tratado como enemigo público y difamado con mentiras y teorías conspirativas que apelan al miedo, el resentimiento y el odio como herramientas políticas.

Recordar a las víctimas de la Shoá no puede ser una mera efeméride, sino parte de nuestra acción política cotidiana para evitar que tales ideas sigan creciendo y nos empujen de nuevo a la barbarie. Y es imprescindible: otro estudio reciente de la CNN, realizado en siete países de la Unión, reveló que el 34% de los encuestados sabían poco o nada sobre el Holocausto. Nunca fue tan necesario que hablemos sobre nuestra historia.

Decía Primo Levi que “quizás no se pueda comprender lo que sucedió, o no se deba comprender, porque comprender es casi justificar. [Pero] si comprender es imposible, conocer es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también. Por ello, meditar sobre lo que pasó es deber de todos. Todos deben saber, o recordar, que tanto a Hitler como a Mussolini, cuando hablaban en público, se les creía, se los aplaudía, se los admiraba, se los adoraba como dioses”.

Sobreviviente de Auschwitz y autor de obras fundamentales sobre la Shoá, Levi nos recuerda que las ideas de los nazis y fascistas eran en general “aberraciones, o tonterías, o crueldades” y, sin embargo, millones las siguieron. No estamos inmunes, a pesar de todo. Y no podemos quedarnos de brazos cruzados hasta que en cualquier momento, como dice la canción, veamos al monstruo emerger de la laguna.

 

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Bruno Bimbi es periodista, narrador y doctor en Estudios del Lenguaje (PUC-Rio). Vivió durante diez años em Brasil, donde fue corresponsal para la televisión argentina. Ha escrito los libros Matrimonio igualitario y El fin del armário, recientemente publicado en España.

 

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