Pedro Zerolo es nombrado Hijo Ilustre de la Isla de Tenerife

Por Rosa Mª Laviña, Secretaria y Patrona de la Fundación Pedro Zerolo

En una hermosa ceremonia celebrada en el Salón Noble del Palacio Insular el Excmo. Cabildo Insular de Tenerife ha nombrado a Pedro Zerolo ‘Hijo Ilustre de la Isla de Tenerife’ por su importante labor en favor de la lucha por la igualdad de trato y la no discriminación durante toda su trayectoria personal y política.

En la ceremonia estaban presentes la familia de Pedro Zerolo, su marido Jesús Santos, sus hermanas Conchi y Cristina, su hermano Eladio, su cuñada, su cuñado y sobrina, así como, la Consejera del gobierno de Canarias, Diputados de Cortes y Eurodiputados, el Vicepresidente, compañeros y compañeras de la corporación y Secretario del Cabildo de Tenerife

Tras la lectura oficial del Decreto por el que se nombra a Pedro Zerolo hijo Ilustre de la Isla recogieron la mención nuestro presidente y nuestra vicepresidenta Jesús Santos y Conchi González Zerolo dedicándole unas bellas palabras.

LA ISLA DE PEDRO

Pedro nunca perdió su acento canario. Jamás dejó la isla. Estaba en su mente y en su corazón, estaba en su familia, en su casa de La Laguna y en su casa de Madrid o de cualquier parte.

Pedro era un viajero con la isla a cuestas. Volvía, siempre que podía, como si aquí recuperara el aire de la juventud. E isleño fue siempre, en la salud y en los tiempos duros, cuando sus padres lo acompañaron y cuando él tuvo que acompañar, en fechas muy difíciles, a sus padres.

Era un hombre emocionante, inolvidable. Tenerife, La Laguna, fue la capital de su corazón; y no era Pedro sin los otros; los otros eran parte de él, y él era parte de los otros.

Fue un hombre solidario siempre, con los suyos, con los ajenos, nació para defender los derechos humanos, y se arriesgó en batallas que, cuando él las emprendió, parecían utopías.

Sus logros fueron luego logros colectivos. Pedro sólo se jactó de ir acompañado por esas aventuras civiles que ahora lo tienen a él en la leyenda y en los agradecimientos de los que, gracias a él, son ahora absolutamente libres de sentir y de querer y de juntarse y de celebrar la vida en plenitud.

Sus amigos lo llamaban volcán, pero no era tan solo porque bajo el volcán se hizo hombre, ciudadano, hijo, persona libre y político. Lo llamaban volcán porque era volcánico todo él, en su expresión y en sus pasiones, en la lucha más dura y más gratificante que libró. Y como un volcán se manifestó a favor de los desfavorecidos y de los perseguidos. Su militancia socialista era generosa y vital, no había en él fronteras políticas sino ambición de dar su energía a su país, al género humano, a los perseguidos, a los desheredados, a los que necesitaran de ese volcán la energía civil que lo acompañó hasta el fin.

Su orgullo era ser libre y ser republicano, pero sobre todo su orgullo era ser isleño, de Tenerife, de Canarias.

Todo lo que hizo, lo hizo por amor. A su madre Chicha Zerolo, su padre Pedro González, a la tierra, a sus hermanos Cristina, Conchi y Eladio, a mí, su marido, a la lucha socialista por la libertad de los que como él eligen vivir como aman.

El éxito de su lucha por el matrimonio homosexual no fue una batalla personal, no era su defensa de los derechos de los que sentían como él lo que lo empujó a emprender esa impresionante lucha de amor y de compromiso, ese volcán que él incendiaba a diario desde los medios, desde las tribunas políticas, era la expresión de una generosidad infinita que nació aquí, del ejemplo de sus padres, y de sus ideales políticos.

Pero sobre todo de ese aire impar que conoció en la isla que hoy le rinde un tributo que agradecemos como un abrazo también a las causas que defendió como un tinerfeño valiente que nos regaló amor y gusto por la vida y por la libertad.

Gracias, Tenerife, por devolverle a Pedro el amor que siempre tuvo por la isla.

 

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